El trabajo creativo es un trabajo de confianza. Tenés una idea, sabés que querés hacer algo, te enfocás. Puede llevar días, semanas, lo importante es no desalentarse y no perder el foco. Remar contra la corriente porque aparecen miles de impedimentos: el desaliento, la inseguridad, la desvalorización... Pero si tu amor es lo suficientemente firme la idea sigue ahí, creciendo, levando. Necesitás cuidarla mucho, protegerla, ponerle repasadores tibios como hacía mi abuela con el pan casero o mi mamá con la pizza. La vas alimentando y, si aparece, la dejás fluir y adquirir nuevas formas.
Un día, de pronto, se arma y ahí te das cuenta de que confiaste desde un primer momento y de que por eso se arma. Confiaste en vos, en tu corazón, en el universo y así, con firmeza, con convicción, con inmenso amor, realizás tu trabajo, armás tu obra, escribís tu canción.
Te parece mágico cuando cierra todo y aparece "radiante" la obra consumada en tu cabeza. Es mágico y no lo es. Aparece porque fue trabajando en tu interior casi sin que te dieras cuenta y creés que se hizo sola. No es así, la hiciste con tu tenacidad, con tu valentía, con tu libertad.
